Me enamoré del lugar en 1999, y tuvieron que pasar 15 años para que Can Negrell se convirtiera en mi responsabilidad. Sigo experimentando la sensación de tranquilidad aquí cada día, conectada con la naturaleza y conectada conmigo misma. La naturaleza es diferente cada día, el hermoso jardín botánico es una joya y las vistas son fenomenales.